Desde hace décadas, teorías como las Inteligencias Múltiples, los Estilos de Aprendizaje, la Pirámide de Dale, entre otras, están encontrando acomodo, recursos y espacios en todos los niveles del mundo educativo, ayudando así a erosionar la función propia, de origen ilustrado, de la escuela pública, a saber: la democratización del acceso al conocimiento científico y humanísticos entre aquellos históricamente privados de él, con vistas a su eventual emancipación como ciudadanos críticos y autónomos. Esta erosión, propiciada por una aceptación y aplicación acrítica y exenta de cualquier evaluación, se manifiesta por una doble vía. En primer lugar, desdibujando y degradando la práctica docente en el día a día, con claras repercusiones en lo pedagógico y en lo profesional. En segundo lugar, consolidando un imaginario colectivo totalmente mediatizado por la ideología hegemónica propia de nuestro sistema socioeconómico neoliberal, esa que demanda un ser humano adaptado y adaptable a un entorno privado y laboral precarizado, inestable y lleno de riesgos. En definitiva, todas estas teorías sirven como coartada supuestamente científica para una programada conversión economicista de la institución escuela.